











La madera ya ha comenzado a transformarse.
Las primeras formas emergen de los troncos, mientras el espacio se llena poco a poco con sonidos de herramientas, polvo de madera, colores y encuentros humanos.
Cada obra sigue su propio ritmo.
A veces lentamente y en silencio, otras veces con intensidad y fuerza.
Y en algún lugar entre el trabajo manual y la naturaleza, nace algo que va más allá de la propia obra.
Al mismo tiempo, los niños siguen visitando el espacio de la acción.
Pintan corazones, escriben pequeños mensajes para la naturaleza y los colocan en los árboles alrededor del taller al aire libre.
Los corazones empiezan a multiplicarse. 🌳❤️
Y junto a ellos crece la sensación de que esta acción no trata solo de arte, sino de nuestra relación con el lugar, con la naturaleza y entre nosotros.
Gaiocardium — en proceso.

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